de Richard Meek

El Comentador Católico 

En una tarde de otoño soleada e inusualmente caliente, aproximadamente 6000 miembros de la comunidad Hispana se reunieron en los terrenos de la Feria del Estado para celebrar el Festival Latino de Baton Rouge No. 32.  

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El Obispo Michael G. Duca prueba los latillos del Festival Latino en Baton Rouge. Foto de Richard Meek | El Comentador Católico

 

Los asistentes gozaron de la comida hispana, que tenía recetas nativas, presentaciones con mucha energía musical por el mariachi y los grupos de salsa, la coronación de la reina del Festival Latino, juegos de niños y una rifa de $10,000.  

Cuando el sol comenzó a bajar más allá del horizonte, el grupo mexicano Karkis, haciendo su presentación inaugural en Luisiana, llenó de energía a la multitud aún más. 

Pero este festival, a diferencia de muchos otros que marcan el paisaje de Luisiana durante los meses del otoño y la primavera era mucho mas que el vivir de acuerdo a su lema: Nadie deja nuestro festival infeliz o con hambre”. Mas bien, era una oportunidad para la comunidad hispana, quien ciertamente ha sido confrontada con muchos retos durante los últimos años, a juntarse como una familia, compartir historias y quizá más importante, ofrecerse apoyo unos a otros. 

“El festival atrae a todas las diferentes culturas latinoamericanas” dijo Julia Scarnato, directora del Apostolado Hispano de la Diócesis de Baton Rouge. “Es un evento que todo mundo espera cada año porque es un momento para estar juntos como una familia y recordar lo mejor de cada cultura. 

“Le permite a cada persona sentirse libre en un espacio donde todos son respetados, valorados y donde, a través de una mezcla de cultura, nos podemos renovar en la fe y la universalidad de la Iglesia católica, donde todos tenemos el mismo espíritu. 

Ella agregó que el festival les permite a los niños hispanos que han nacido en Estados Unidos una oportunidad de vivir su herencia en una forma diferente y escuchar su idioma nativo. 

El ciclo de planeación fue más intenso este año, dijo Scarnato ya que la seguridad fue aumentada debido a las recientes balaceras en masa en todo el país, incluyendo El Paso, Texas. Admitió que a pesar de que Luisiana ha escapado dicha violencia, “estábamos muy preocupados y tomamos precauciones adicionales.

“Yo había decidido que era muy importante celebrar nuestra vida diaria y poner el miedo en manos de Dios. Cuando la gente cree en Dios, todas las cosas son posibles.” 

Scarnato dijo que muchos miembros de la comunidad hispana habían expresado miedo de asistir. Ella visitó a las agencias locales de policía para expresar su preocupación y oró por la seguridad de lo que ella piensa que es una de las comunidades mas vulnerables en el país. 

El Obispo Michael G. Duca también asistió agregando un gran gozo y presencia espiritual al evento, dijo Scarnato. El obispo saboreó muchas de las delicias y se tomó el tiempo de posar para las fotografías. 

“Tenemos un obispo muy especial, amable y que tiene un corazón para todo el mundo” dijo Scarnato. “Disfrute verlo (al Obispo Duca) comiendo y apoyándonos. Fue significativo y nunca será olvidado.